miércoles, 5 de mayo de 2010

Antecedentes de la Revolución de Mayo

Al hablar de Bicentenario nos sumergimos, con la radio como submarino, en las profundas aguas de la historia Argentina. Es más, más atrás aún, cuando aún ni siquiera se llamaba “argentina” nuestro país.

Lanzados a las aguas de los hechos culturales , sociales y políticos que prepararon los ánimos de la Revolución de Mayo de 1810, encontramos que unas décadas antes éramos una mera colonia del Imperio Español.

Fuimos parte del Virreinato del Perú desde el siglo XVI , después del Virreinato del Río de la Plata en el siglo XVIII, y teníamos los gobiernos y economía que un minúsculo grupo de personas decidían a miles de kilómetros de aquí.

Contra este tipo de monarquías absolutas que armaban y desarmaban a su antojo, se levantaron en esa época los franceses en la Revolución Francesa de 1789 y unos años antes los norteamericanos en la independencia de los Estados Unidos de 1776.

Estos hechos históricos se convirtieron en modelos para algunos intelectuales y políticos de América, sobre todo por las ideas nuevas que suponían: en Francia y Estados Unidos comenzaron a aplicarse la división de poderes, elecciones de gobernantes por voto, la idea de la igualdad ante la ley o el concepto de republicanismo.

Periódicos y libros prohibidos comenzaron, digámoslo familiarmente, a “cambiar las cabezas” de algunos americanos, quienes en su corazón comenzaron a rechazar la idea de ser súbditos, y vislumbraron el ideal de ser ciudadanos ellos mismos y a los eternamente postergados pueblos originarios, mestizos y afroamericanos.

Pero estas ideas por sí solas no hicieron nuestra historia; por eso debemos recordar en qué caldo de cultivo los criollos ganaron el valor suficiente como para animarse a enfrentar militarmente al poderío español y hacer a renunciar al Virrey en 1810.

Y esto sucedió con las Invasiones Inglesas al Río de la Plata. En 1806 Buenos Aires fue atacada por una flota británica. El gobierno inglés suponía a la colonia mal defendida, con una población enemistada con su gobierno y proclive a los invasores que la liberarían del yugo español.

Algunos pocos pero influyentes obsecuentes se rindieron con facilidad, y aumentaron esa impresión en los británicos. El virrey, Rafael de Sobremonte, optó por retirarse al interior.

En la huída, dejó la capital en manos del invasor, delegó el mando político en la Audiencia, y se llevó las cajas reales llenas de monedas. Esta actitud creó su ruina política (además de que lo ingleses capturaron y se robaron los caudales en Luján).

Los invasores fueron expulsados por milicias populares en las que los criollos tuvieron importante protagonismo y participación. Otra nueva fuerza expedicionaria que el gobierno británico envió a Buenos Aires fue forzada a rendirse en 1807.

La expulsión de los ingleses fue posible por el entusiasmo del pueblo, guiado por Santiago Liniers, quien fue nombrado virrey por Buenos Aires, luego de deponer a Sobremonte.

Recapitulemos: tras las dos invasiones inglesas, quedó una población criolla que había perdido credibilidad en España, incapaz de defender sus colonias; también, había perdido la credibilidad en su Virrey, que había huido de la zona de combate.

Además los criollos comprobaron su capacidad militar y la ineficacia de las autoridades españolas para brindarles seguridad. La población rioplatense tomó conciencia de sus capacidades. Así nació un espíritu de solidaridad entre veteranos y sus familias que vieron con otros ojos a esta región abandonada por España, sacudida ella misma por las guerra europeas de Napoleón.

Muchos de estos veteranos de la resistencia frente a los ingleses también participarán activamente en el movimiento independentista que había comenzado a extenderse por los territorios de Sudamérica bajo soberanía española a partir de 1809.

Si a esto sumamos la ideas de libertad, de independencia, de revolución que plantaron los estadounidense en su ruptura con Inglaterra y los franceses con su revolución de 1789, a partir de 1808 son cada vez más los que imaginaron la independencia local como punto inicial de un nuevo orden político y social.

Algún hecho posterior tenía que encender la mecha que apuntalara a los más valientes. Y será el mismo Napoleón, que invadió España y sometió a sus reyes en 1808. En la península se forman juntas y, cuando el general francés las derrota en los dos años sucesivos, nuestros criollos se animarán a formar juntas locales en toda Sudamérica.

La nuestra será la que nace esa semana de mayo de 1810, de la que mucho hablaremos en las semanas siguientes. Nuestra Primera Junta de gobierno, la que recordamos en este Bicentenario…

(Material desarrollado en el programa radial EL ALFA Y LA OMEGA, emisión número 439 del 04.05.2010)

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