martes, 11 de mayo de 2010

Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez

Nació el 15 de setiembre de 1759 en Potosí, actual Bolivia. Su padre, Don Santiago Saavedra decidió, pocos años después, volver al Buenos Aires de donde era oriundo, en busca de mejores condiciones climáticas. Fue su madre otra natural de la zona de Potosí, doña Teresa Rodríguez de Güiraldes.

Estudió unos años en el Real Colegio de San Carlos, donde se inclinó por la filosofía. Pero no pudo concluir estos estudios por que tuvo que dedicarse a las tareas rurales de su familia. Inició su vida pública como regidor en 1797, como funcionario del Cabildo. La responsabilidad y empuje le valieron dos años más tarde el ascenso a procurador y, en 1801, a alcalde de primer voto. Descubrió su vocación militar cuando los ingleses invadieron el Río de la Plata en 1806. En sus memorias el propio Cornelio recuerda lo siguiente:

"Este fue el origen de mi carrera militar. El inminente peligro de la patria; el riesgo que amenazaba nuestras vidas y propiedades, y la honrosa distinción que habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome a otros muchos paisanos suyos para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella".

Los soldados del cuerpo de Patricios lo eligieron como comandante para resistir y expulsar a los invasores donde tuvo una impactante labor. Este regimiento aún existe en la actualidad, con el nombre de Regimiento de Infantería Número Uno, y ha recuperado el nombre histórico de Patricios.
En 1808 participó en las reuniones de la jabonería de Hipólito Vieytes y en la casa de Rodríguez Peña, donde se comenzó a soñar una independencia posible. Saavedra destacó por su moderación, la que a muchos de sus compañeros les resultaba excesiva. Cuando en 1810 se tuvo conocimiento de la caída de la Junta de Sevilla, le expusieron la noticia y le preguntaron: "¿Aún dirá usted que no es tiempo?". También le mostraron la convocatoria de Cisneros a un Cabildo Abierto. Saavedra la leyó, y dio su famosa respuesta:

"Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora.”

Negó su apoyo al virrey cuando este se lo pidió junto a otros comandantes, el día 20. El 22 votó a favor de su destitución. Una vez formada la Primera Junta el 25, fue designado presidente, aunque el cargo no le agradó demasiado. Al menos así lo reflejó en sus memorias:

"(repetidas veces)… solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y honores por aquel medio… Tuve al fin que rendir mi obediencia y fui recibido de presidente y vocal de la excelentísima Junta (...) Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos".

Por su moderación y conservadurismo político pronto chocó con su secretario de Guerra y Gobierno, Mariano Moreno, que propiciaba un total cambio político, económico y social manejado desde Buenos Aires. Confiscar, detener, ejecutar eran las palabras que el encendido secretario no temía emplear y poner en práctica, tal como dejó pautado en un Plan de Operaciones.

El hecho desencadenante de la pelea entre ambos será un brindis efectuado en el regimiento de Patricios en diciembre de 1810. Allí, el capitán Atanasio Duarte, pasado en copas, celebró a Saavedra como "el primer Rey y Emperador de América, Don Cornelio Saavedra" y le ofreció una corona de azúcar a doña Saturnina, esposa de Saavedra.

Enterado de esto, el inflexible Moreno decretó el destierro de Atanasio Duarte y prohibió todo brindis o aclamación pública a favor de cualquier funcionario y suprimió todos los honores especiales de que gozaban los miembros de la junta. Saavedra comenzó una guerra sorda e implacable contra Moreno y sus seguidores.

Además, el fogoso secretario de la junta que presidía Cornelio no quería aceptar a representantes del interior en el poder ejecutivo, cosa que sí quería Saavedra para darle mayores bases a la revolución y a su propia facción, más moderada. Moreno renunció, se fue del país y murió misteriosamente en marzo de 1811 en alta mar, dejando unos indicios históricos de una muerte intencional.

Saavedra vio fortalecido su poder. El 5 y 6 de abril los saavedristas movilizaron a los sectores suburbanos hacia la Plaza de la Victoria con el apoyo de los Patricios, los Pardos y Morenos contra el sector morenista residual de la Junta, a los que se proponían deponer y dejar a Cornelio con el total control.

Sin embargo, Saavedra no aceptó el mando. Rechazó todos los honores y cargos que la multitud le otorgaba. Pero accedió a una transacción, al parecer sugerida por el Deán Funes: Vieytes, Rodríguez Peña, Larrea y Azcuénaga marcharían al destierro y serían reemplazados por tres saavedristas. El regimiento de la Estrella sería disuelto y su jefe, Domingo French, confinado, como no podía ser de otra manera, junto a Antonio Beruti.

El trato incluía también que Saavedra continuara como presidente de la Junta. Y así hubiese sido si las tropas no hubieran sido desastrosamente derrotadas en Huaqui, localidad del Alto Perú. Saavedra debió marchar al Norte a fines de agosto de 1811 para enmendar la situación y su ausencia fue aprovechada por sus adversarios, que destruyeron su prestigio.

Apenas llegó a Salta se le hizo saber que había sido separado del ejército y de la presidencia de la Junta, y se le ordenó entregar las tropas a Juan Martín de Pueyrredón. El sector morenista recuperó el control y creó un nuevo poder ejecutivo: el Triunvirato. Claros vaivenes entre lo popular y lo liberal, entre el interior cauto y las masas intuitivas, y una Buenos Aires centralista y acelerada. Debate entre tradiciones y novedades no del todo comprendidas.

Los Patricios, fieles a su jefe, se sublevaron a su favor el 6 de diciembre de 1811. Pidieron que le devolvieran el mando de tropas, lo que entonces suponía echar al coronel Manuel Belgrano, quien había sido designado como nuevo comandante del regimiento.

El Triunvirato, optó por emplear una doble estrategia: en principio negociar y, el además, rodeó el cuartel para intervenir en cualquier momento. Hubo varios mediadores, entre ellos, Juan José Castelli, el "orador de la revolución", entonces arrestado dentro del cuartel, tras haber sido juzgado por la derrota del Desaguadero.

También medió, en una vuelta de tuerca de la historia local, el vehemente adversario de Castelli en el debate del Cabildo Abierto del 22 de mayo, el Obispo de Buenos Aires, Benito Lue y Riega, y el Obispo de Córdoba, Rodrigo de Orellana…adversarios recientes de la revolución. Todo fue inútil. Los Patricios se mantuvieron firmes en sus demandas.

Un mal entendido precipitó las cosas. Un amotinado soldado de origen inglés, Richard Nonfres, incapaz de controlar su enojo, comenzó a proferir insultos y disparó un cañonazo contra las tropas que custodiaban el lugar. La respuesta no tardó en llegar. El saldo del combate fue de 8 muertos y 35 heridos. Sangre regando la tierra cercana a la que será la plaza de Mayo...otra vez.

Rivadavia y el Triunvirato instruyeron un proceso sumario y, por "razones de seguridad" expulsaron a los diputados del interior. Deán Funes fue detenido, al ser sospechado de complicidad con los rebeldes. Nadie aceptó la defensa de los implicados, y en la sentencia se habló de un "movimiento popular que se tramaba".

Los participantes cumplieron penas que iban de cuatro a diez años de prisión en Martín García. Once sargentos, cabos y soldados fueron fusilados y sus cuerpos colgados en la Plaza de la Victoria "para la expectación pública". Entre los muertos estaba el citado inglés Ricardo Nonfres, quizás el autor del primer disparo de una guerra civil que iba a durar casi 60 años entre paisanos del interior y porteños centralistas.

Esta derrota selló la suerte de Saavedra. Pero el potosino escapó. Cruzó la cordillera de los Andes y arribó a Chile acompañado por su hijo Agustín de 10 años. En 1814, volvía a cruzar la cordillera para escapar del avance realista; entonces, su esposa Doña Saturnina apeló al gobernador intendente de Cuyo, José de San Martín, para lograr el reingreso de su marido.

San Martín accedió y le permitió residir en San Juan. Fue enviado hacia Buenos Aires para su juicio, pero tras una revolución, el Cabildo porteño le devolvió su grado militar. Al asumir el poder Álvarez Thomas como Director Supremo, lo conminó a abandonar la capital instalarse en Arrecifes.

En 1818 el Congreso Constituyente puso término a las causas en su contra y el director Pueyrredón dictó un decreto confiriéndole el empleo de Brigadier General de los Ejércitos de la Nación, con una antigüedad retroactiva al 14 de enero de 1811. Se le designó Jefe de Estado Mayor, en reemplazo del general Antonio González Balcarce, que se incorporó al ejército libertador de Chile.

Desempeñando ese cargo, inspeccionó las tropas en Santa Fe, Martín García y en Luján y concretó negociaciones de paz con los indios ranqueles. Durante el período de la anarquía iniciado en 1820, se retiró a Montevideo, de donde regresó al constituirse el gobierno de Martín Rodríguez, en octubre de 1820. En 1822 se retiro del Ejército.

Pinta el carácter valiente y comprometido de Saavedra que, ya anciano, ofreció sus servicios en ocasión de la guerra con el Brasil, pero el gobierno amablemente señaló ese inconveniente de la edad para tan compleja tarea. Murió en Buenos Aires el 29 de marzo de 1829. En Diciembre de ese año el gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte, trasladó los restos de Saavedra a la Recoleta y le brindó un homenaje. En el decreto se decía lo siguiente:

"El primer comandante de Patricios, el primer presidente de un gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el país se hallaba; pero después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar al ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a su mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes que supo consagrar entera al servicio de la patria."

Secundamos estas palabras, en homenaje a tan comprometida persona con la Argentina y su destino independiente.

(Material desarrollado en el programa radial EL ALFA Y LA OMEGA, emisión número 440 del 11.05.2010)

0 comentarios:

  © Blogger template 'External' by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP