viernes, 14 de mayo de 2010

El papel de la Iglesia en la Revolución de Mayo

Uno de los principales estudiosos de la historia eclesiástica argentina, el profesor Nestor Auza, está convencido de que la histórica gesta triunfó por el decidido apoyo del clero criollo y el peso que tuvo su prédica emancipatoria entre la población. El papel de los conventos y la pelea con los clérigos españoles.

¿Cómo se gesta la participación del clero en la Revolución de Mayo?

— Hay que tener en cuenta ante todo que el ascenso del criollo era muy lento y los únicos caminos después de 1806 eran el ejército y la Iglesia. En el caso del clero, hay un proceso poco estudiado que es su argentinización. Tanto el de las comunidades religiosas como el secular. Sus miembros no tenían posibilidades de hacer carrera y la actividad pastoral y la creación de parroquias estaba acotada. Los obispos y las disposiciones de las órdenes venían de España. Cuando se gesta la revolución, buena parte de las instituciones religiosas estaba en manos del clero nativo.

¿Cómo repercuten los aires revolucionarios en la relación entre el clero nativo y el español?

— De modo muy fuerte. El tema se discute tanto en los conventos que se produce una separación entre unos y otros. La vida en los conventos decae mucho por esa discusión. Tengamos en cuenta que el diocesano de Buenos Aires, el obispo Lué, un hombre ilustrado y con alguna cintura política, naturalmente español, que había jurado fidelidad a la corona, llegó a decir en el cabildo abierto del 22 de mayo que mientras haya un español en América, esa persona tiene derecho a gobernar.

¿Fueron sólo discusiones internas o trascendieron esa esfera?

— Largamente. Los conventos tuvieron un papel clave en el proceso revolucionario: el petitorio del 22 de abril en favor del cabildo abierto se firma en los conventos patrocinado por los miembros jóvenes del ejército, que vivían el mismo fenómeno que la Iglesia. Entre los firmantes se cuentan 16 mercedarios, más franciscanos y dominicos. Pero no hay que mirar solo el número, sino también la calidad del clero. Todos eran hombres influyentes que hicieron de la predicación una cátedra en pro de la causa revolucionaria y que tuvo una enorme influencia en el pueblo que asistía a un oficio litúrgico o a una festividad y también en el clero popular.

¿Tan importante fue esa influencia?

— Ni qué hablar. A mi juicio, la Revolución de Mayo triunfa gracias a la Iglesia. La prueba de lo que digo es muy simple: sin el clero popular que congregaba y convocaba a apoyar la revolución, el pueblo no lo hubiera hecho. ¿Por qué? Porque la única revolución que se conocía había sido dolorosa, trágica, sangrienta: la revolución francesa. ¿Acá estábamos dispuestos a vivir una revolución como esa? No. La nuestra no fue una revolución que se separó de Dios, ni fue anticristiana, ni fue contra la Iglesia. Por el contrario, el clero ilustrado legitima la revolución y la independencia explicando las causas de la ruptura con España. Había, pues, un clero ilustrado que legitima la revolución y otro popular que la promueve...

— Así es. El clero ilustrado, los teólogos, justificaban la revolución y eran acompañados por el clero popular que, al escucharlos y asumir su posición, hacía a su vez una difusión del movimiento de mayo que no encontraba resistencia. La prueba está en que, cuando se convocan de un día para el otro dos ejércitos para ir al norte y a Paraguay, se consigue mucha gente. Y eso se debe al apoyo que daba a la revolución el clero popular de los alrededores de Buenos Aires.

¿Qué argumentos esgrimía el clero ilustrado?

— Que España no tenía títulos sobre estas tierras, que había oprimido, que había detenido el desarrollo del Río de La Plata y trabado el comercio. Pero también debieron enfrentar la teoría de que el poder del rey venía de Dios y que resistirla era un atentado contra la divinidad. Claro que el rey estaba preso y había caducado su ejercicio. Como contrapartida, el clero criollo que había estudiado en las universidades de Córdoba y Chuquisaca y en el colegio San Carlos, de Buenos Aires, contaba con una formación suarista. Es decir: que el poder reside en el pueblo, que es el pueblo el que elige, que las elecciones legitiman la autoridad, que deben ser periódicas, etc.

Pero el clero no sólo habló sino que integró el gobierno...

— La participación del clero fue muy importante. Manuel Alberti, a cargo de una de las cinco parroquias que, por entonces, había en Buenos Aires, fue vocal de la Primera Junta. Y un hombre clave por su formación y su prudencia. Pero, al mismo tiempo, por su firme posición revolucionaria. En la Junta Grande, en representación de las provincias -que elegían a sus mejores dirigentes- se contaban sacerdotes como Gregorio Funes (Córdoba), Francisco Uriarte (Santiago del Estero), Pedro Fernández (San Juan), Juan Paz (Mendoza), Pedro Castro Barros y Máximo López Cabo (La Rioja), Juan Ignacio Gorriti (Jujuy), Manuel de Molina (Tucumán).

¿Cómo siguió la prédica revolucionaria del clero?

— En una de las primeras decisiones, la Junta convoca a una celebración en la catedral: el Tedeum. Y se le encomienda el primer sermón al padre Zabaleta, quien elogia la revolución y el surgimiento de las nuevas autoridades. A partir de allí, en todos los sermones del Tedeum por el 25 de Mayo de los próximos años hablaron teólogos que legitimaron la revolución. Y si se mira a las provincias se verá que es el clero criollo el que apoya el movimiento revolucionario -y el clero español conservador el que resiste-, llegando en algún caso a denunciar a su obispo por ser parte de una conspiración contrarrevolucionaria.

¿El papel cívico del clero afecto su labor religiosa?

— Esteban Echeverría dice en un libro que el clero culto quedó en las ciudades y el popular en los pueblitos del interior, donde su laboral pastoral no pudo ser muy efectiva. Y señala que el clero culto cometió el error de dedicarse demasiado a la vida pública y abandonar lo pastoral. Es una verdad relativa. Es cierto que estos hombres tuvieron un papel cívico destacado, pero no dejaron de hacer su tarea pastoral, sino que la hicieron con menor intensidad. Pero es grande su aporte a una organización democrática del país y a dotar a la patria de una inspiración cristiana expresada en el preámbulo.

Una activa participación que se plasmara durante varios años...

— En la asamblea del año XIII, que debía declarar la independencia y no lo hizo, había miembros del clero. En el Congreso de Tucumán son cerca de 16 los clérigos de un total de 32 miembros. Y podemos seguir citando su participación en la Constitución de 1819 y de 1824. Y en la Constitución del '53, donde empieza la presencia del catolicismo laical, con Facundo Zuviría como presidente de la asamblea constituyente. Muchas constituciones provinciales fueron redactadas por hombres del clero. Pensemos en el rol de Esquiú. Y hasta 1906 hay obispos y curas en el Congreso. El clero está en la institucionalización del país y en la búsqueda de un gobierno propio, democrático y republicano.

Reportaje efectuado por Sergio Rubin, para el suplemento VALORES RELIGIOSOS
Fuente:
www.valoresreligiosos.com.ar

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