jueves, 27 de mayo de 2010

TEDEUM DEL 25 DE MAYO DE 2010

Homilía de Monseñor Eduardo Eliseo Martín, obispo Villa de la Concepción del Río Cuarto, en el Te Deum del Bicentenario de la Revolución de Mayo (25 de mayo de 2010)

Queridos hermanos y hermanas, distinguidas autoridades que han pedido le realización de este Te Deum. Les agradezco que con este gesto sigan conservando la ya hoy bicentenaria tradición que inauguraron los miembros de la primera Junta, que pidieron, al entonces Obispo de Buenos Aires, Benito de Lué y Riega, como primera acción gubernativa, la Misa de acción de gracias. Cuenta en sus memorias curiosas Juan Manuel Berutti: “Se hizo una solemne función en la Catedral, y se cantó el Te Deum en acción de gracias por la instalación de la Junta; la que asistió a ella con todos los tribunales…habiendo ocupado la Junta el lugar preeminente donde presidían los virreyes”(1)

Dios es lo primero; y aquellos hombres de Mayo lo primero que hicieron fue agradecer a Dios. Hoy, doscientos años después estamos aquí para agradecer a Nuestro Señor el don de la Patria. Lo hacemos también cantando el tradicional Himno Litúrgico del Te Deum, cuyo título indican las dos primeras palabras del mismo “a Ti Dios” te alabamos… Este antiguo himno hunde sus raíces en una añeja tradición de la Iglesia. Más de 1600 años tiene este cántico. El mismo acompaña todos los aniversarios patrios expresando así la fe de nuestro pueblo.

Sí, Señor, hemos venido aquí porque reconocemos que en Ti está la fuente de la vida, en ti está la esperanza y la libertad de nuestra Patria y de todos los que habitamos en ella, y de Ti hemos recibido y recibimos todo lo que somos y tenemos.

¡Cómo no darte gracias por la inmensidad de nuestra geografía, por la fertilidad de nuestras tierras, por la belleza y variedad de los paisajes! Por la variedad y belleza de sus árboles, bosques y selvas. Por su Mar, sus montañas, sus Sierras, sus ríos, sus llanuras, sus Cataratas, sus cerros nevados, sus playas marinas. Cómo no darte gracias por la variedad de animales silvestres que caminan y viven en nuestro suelo, de aves de todo tipo que surcan los aires y por los peces de los más variados en especie y tamaño y que habitan nuestros mares y ríos, que a la vez que nos recrean, también nos sirven de alimento. Todo ello es en sí un canto que ensalza y bendice a Dios por tanta generosidad para con nosotros. ¡Gracias Señor¡ Nos lo has dado sin mérito alguno de nuestra parte; haz que seamos dignos de tantos bienes recibidos gratuitamente, y que con el trabajo honesto y con el uso correcto de nuestra libertad preservemos, mejoremos este trozo de tu creación que nos has regalado y lo transmitamos cada vez más habitable a las generaciones que nos sucedan.

Te queremos también dar gracias por la riqueza humana, por ese crisol de razas que es nuestra patria y que aún se sigue configurando, comenzando por los pueblos originarios con sus distintas etnias, con los cuales aún tenemos grande deuda, por la llegada de los españoles, que con sus luces y sombras nos dejaron la lengua castellana, que no sólo nos unifica como país sino que nos hermana con prácticamente casi todos los pueblos que habitan desde el sur de Estados Unidos hasta Tierra del Fuego. Esto me trae a la mente el texto de Pablo Neruda sobre las palabras: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas,… Todo se lo tragaban… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”(2).

Cómo no agradecer también que con ellos vinieran los misioneros que nos trajeron la fe cristiana, esa fe que ha empapado la vida de nuestro pueblo y de la que ha vivido en sus horas gloriosas y en sus horas de dolor. Esa fe que también ha hecho de América Latina el continente de la esperanza y el continente Mariano por excelencia, desde la Virgen de Guadalupe en México hasta nuestra tierna Madre de Luján. No en vano muchas de nuestras provincias tiene nombres que hablan de esa fe: Misiones, Santa Cruz, Santa Fe; innumerables pueblos y ciudades tiene los nombres de la fe cristiana: Santa María de los Buenos Aires, San Fernando del Valle de Catamarca etc. Y como no recordar el nombre originario de nuestra ciudad que lo toma de la Inmaculada Concepción de María. Nuestro pueblo ha manifestado de mil formas su amor a María, sobre todo en Luján, considerándola la patrona de nuestra Patria. ¡Gracias porque nos has dado a los argentinos el ser tus hijos en Cristo Jesús y en tu Iglesia!

Aunque la argentina es un país católico, como queda también, de algún modo expresado en nuestra Constitución Nacional que en su Art.2 dice:- “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”. Sin embargo ha sido un país abierto a los diversos credos, garantizando siempre la libertad religiosa. Por eso damos gracias a Dios por la presencia de los hermanos de otros credos, en primer lugar de nuestros hermanos de las diversas denominaciones cristianas con quienes profesamos la misma fe en Cristo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Por la presencia de nuestros hermanos mayores, los del pueblo Judío, y también de aquellos que creen en Dios, particularmente los de la religión Islámica. Te rogamos, Señor, que cada vez crezca nuestra actitud ecuménica y de diálogo interreligioso.

También tenemos que dar gracias por la inmigración, que de tantos países se avino a estas tierras desde mediados del siglo XIX hasta entrado el siglo XX: millones de personas de tantos países: italianos, españoles, alemanes, rusos, croatas, sirio-libaneses, franceses, irlandeses etc., etc. Todos ellos dieron un color nuevo a nuestra argentina y han sido una de las vertientes fundamentales que han configurado la Argentina que tenemos.

Dios ha dotado a los argentinos de una particular inteligencia que ha hecho que nos destaquemos en las artes, las ciencias, la literatura, la diplomacia, la medicina. Etc. ¡Gracias Señor! Y cómo no agradecer a Dios por esa legión de educadores y educadoras que han sembrado las letras y el saber a nuestros niños a lo ancho y largo de nuestra patria.

Y por todos los profesionales y servidores públicos: fuerzas de seguridad, y armadas, que proveyeron a la defensa nacional. Y por las autoridades que cada una en su tiempo intentaron, con aciertos y errores contribuir al bien de todos. ¡Gracias Señor!

Te damos gracias también Señor por los trabajadores que con su labor y sacrificio han engrandecido y hecho acrecentar la riqueza de nuestra patria, y junto con ellos a todos los empresarios del Campo la Industria y el Comercio que con su iniciativa emprendedora contribuyeron al bien común.

¡Cómo no agradecer a Dios por aquellos que derramaron su sangre por defender a la patria, o en el cumplimiento de su deber! Recordamos especialmente a los caídos en las Islas Malvinas. A todos ellos gratitud y oración por sus almas para que el Señor les conceda la luz que no tiene fin.

Agradecidos a Dios por lo dado, nos dirigimos a Él para pedirle perdón por nuestras faltas, que son muchas. Por las injusticias cometidas, por el mal uso de los bienes que nos has dado, por la sangre derramada entre hermanos que han surcado también nuestra historia casi hasta nuestros días, como ha sido la violencia guerrillera y el terrorismo de Estado que tanto sufrimiento ha causado y que aún estamos en camino de sanar. Señor. ¡Ten piedad de nosotros!, y concédenos la gracia que de tanto sufrimiento y dolor nos quede como lección imborrable que las diferencias y conflictos, siempre presentes en la vida de los pueblos, los resolvamos democrática y pacíficamente.

Y finalmente nos dirigimos a Dios para suplicarle por el futuro de nuestra Patria, y lo hacemos con esperanza rogándole por la unidad de la familia, fundada sobre el matrimonio, unión estable entre el hombre y la mujer; y por respeto sagrado a la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural. Te rogamos también Padre de los cielos, por tu Hijo Jesucristo que con su sangre derramada en la cruz nos reconcilió contigo que sepamos avanzar en la reconciliación entre los diversos sectores y aprender a dialogar en el respeto y consideración mutuos. Que podamos asumir cada día más nuestra responsabilidad en la construcción de la sociedad siendo ciudadanos responsables. Necesitamos fortalecer y mejorar el sistema político y la calidad de nuestra democracia, las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad. Te rogamos que desde la base nazca cada día una creatividad social vigorosa y lúcida: de obras educativas, sociales, políticas, culturales, económicas de pequeños y medianos emprendedores, de artesanos, de oficios varios que hoy tanto escasean, y que las mismas sean apoyadas desde el Estado, en consonancia con el principio de subsidiaridad y nunca sustituidas o absorbidas por él mismo.

Finalmente te rogamos Señor nos ayudes a afianzar la educación y el trabajo digno como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes que nos has dado y de la superación de la pobreza y miseria en la que aún viven tantos argentinos, de modo que alcancemos ese desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres, de cada argentino y de todos los argentinos y podamos así como reza el Preámbulo de la Constitución Nacional “asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. En una palabra, te pedimos Señor, poder vivir amándonos unos a los otros como Tú nos has amado, para que nuestra patria sea de verdad el hogar de todos los argentinos.

Y que nunca nos olvidemos de invocarte como “fuente de toda razón y justicia”, pues sin Ti nada podemos hacer.

Termino uniéndome al poeta, que dijo de la patria:

“Dios la fundó sobre la tierra para que hubiera menos llanto y menos luto.
Dios la fundó para que fuera como un inmenso corazón en este mundo.
Mano sin tasa para el pobre, puerta sin llave, pan sin fin, sol sin crepúsculo.
Dulce regazo para el triste, calor de hogar para el errante y el desnudo.
La caridad es quien inspira su vocación de manantial y de refugio.
En las tinieblas de la historia la Cruz del Sur le dicta el rumbo más seguro.
Ninguna fuerza de la tierra podrá torcer este designio y este rumbo.
Por algo hay cielo en la bandera y un gesto noble y fraternal en el escudo.
¡Gracias, Señor, por este pueblo de manos limpias, frentes altas y ojos puros!
¡Gracias, Señor, por esta tierra de bendición y porque somos hijos suyos!(3)

Notas:
(1) BRUNO, CAYETANO. Historia de la Iglesia en la Argentina. VolVII.Cap, 5. pág 277. Bs. As. 1971
(2) Confieso que he vivido : memorias / Pablo Neruda. - Buenos Aires : Losada, 1974. - p. 73-74.
(3) Francisco Ljuis Bernárdez: La Patria


Mons. Eduardo Eliseo Martín
Obispo Villa de la Concepción del Río Cuarto

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