miércoles, 16 de junio de 2010

Martín Miguel de Guemes


En todo el período anterior y posterior a la revolución de Mayo, se destaca Martín Miguel de Güemes, líder salteño de la guerra gaucha, de quien hablaremos en este bloque. Héroe de la independencia que, cuando comenzó el proceso de emancipación, pudo frenar el avance español en nuestro norte, usando hábil y heroicamente tácticas de la guerra de guerrillas.

Miguel nació en Salta, el 8 de febrero de 1785. Estudió en Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos. Al despuntar su adolescencia, inició la carrera militar y, debido a las invasiones inglesas de 1806, participó en la defensa como edecán de Santiago de Liniers, el líder de la resistencia que logró recuperar la capital virreinal.

Y para pintar de lleno a este hombre en estos primeros años de su vida pública, le proponemos una pregunta insólita: ¿puede una fuerza de caballería casi gauchesca ser capaz de detener a un barco inglés de guerra? Y ahí está este Güemes, protagonista de un este hecho insólito que irá alentándolo a sostener siempre en su vida una osadía como pocos.

En efecto: Güemes capturó al buque inglés "Justine" cuando, una notable bajante del Río de la Plata, lo dejó varado y a merced del salteño. En mayo de 1810 llegó la Revolución de Mayo. Güemes se sintió llamado a incorporarse al ejército patriota destinado al Alto Perú, y con ellos colaboró en la victoria en Suipacha.

De vuelta en Buenos Aires colaboró en el sitio de Montevideo. Pero su tierra le llamaba. En 1815 volvió a su Salta natal dotado de una experiencia militar inigualable y providencialmente imprescindibles para los sucesos que le tocaría enfrentar. Con espíritu sanmartiniano se puso al frente de la resistencia a los realistas españoles que, desde Perú, querían sofocar a los rebeldes del sur. Güemes organizó al pueblo y militarizó la provincia. Los lugareños de todas las clases, en principio, interpretaron la magnitud del peligro al estar tan cerca de la frontera.

En de mayo de 1815 sus coterráneos lo eligieron gobernador provincial, en un cargo que ejercerá hasta 1820. Pero pronto sufrió, junto con toda la patria y sus ejércitos allí apostados, la derrota de Sipe Sipe, considerado una de los desastres militares más graves de la guerra de la independencia argentina. Hasta tal punto fue profundo el desbande, que España festejó el triunfo como fin de la rebelión en Sudamérica. Las provincias del Alto Perú se perdieron para siempre, y cuando lograran su independencia, lo harían como nación aparte, la República de Bolivia.

Pero se equivocaron los españoles respecto de lo que sucedía: ocho meses después, el 9 de Julio de 1816, Argentina declaró su Independencia y mantendrá en jaque hasta el final a los realistas. En su huida del Alto Perú, el Ejército sólo pudo rehacer sus filas en el límite norte de la actual Argentina. Desde allí Güemes se retiró y Rondeau lo declaró traidor y desertor. Para empeorar las cosas, el Director Supremo Álvarez Thomas envió tropas de refuerzo, al mando de Domingo French y Juan Bautista Bustos, con orden de derrocar a Güemes y después incorporarse al Ejército del Norte. El caudillo salteño no los dejó pasar hasta haberse asegurado de que no lo atacarían.

Rondeau estaba más preocupado por escarmentar a Güemes y evitar el surgimiento de un nuevo Artigas en el Norte, caudillo uruguayo que había desobedecido a Buenos Aires y mantenía en rebeldía al litoral. Sin embargo, frente a la real amenaza de los españoles, el 22 de marzo de 1816 se llegó a un acuerdo: Salta debería seguir con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires.

Apenas nombrado el nuevo Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, viajó a aquella provincia para cerciorarse de las críticas y sospechas de muchos porteños que dudaban de la capacidad militar de los gauchos de Güemes. Pueyrredón quedó superado por la organización y moral de los gauchos y su jefe. El director ordenó entonces que el ejército del Norte se retirara hasta Tucumán y ascendió a Güemes al grado de coronel mayor.

El propio San Martín apoyó la decisión de Pueyrredón. En una carta llegó a expresar lo siguiente: "Los gauchos de Salta solos, están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado". Como sucedió en España, con la guerra de guerrillas, Güemes postulaba así la táctica posible ante un ejército que entonces, estaba entro los más veteranos y preparados de la Tierra. Belgrano también valoró la acción de Güemes, y ello forjó desde entonces una gran amistad entre ambos.

En una carta que el caudillo salteño le escribe al creador de la bandera argentina, dice lo siguiente: "Hace Ud. Muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas".

El general español Joaquín de la Pezuela también dejó pruebas de los daños que las valerosas y constantes acciones del salteño le provocaban. En una carta que envió al virrey del Perú le señaló la difícil situación en que se encontraba su ejército ante Güemes, con las siguientes palabras: "Su plan es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna, y sí de hostilizarnos en nuestras posiciones y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura, y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados”, agregando más adelante lo siguiente: “Se atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta y a tirotear nuestros cuerpos por respetables que sean, a arrebatar de improviso cualquier individuo que tiene la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento, y burlan, ocultos en la mañana, las salidas nuestras;… en una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial."

Por su capacidad para informarse y realizar inteligencia del enemigo, descubrió el plan del Mariscal de la Serna para desarrollar una gran invasión. Con 3.500 hombres de batallones de Gerona, Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión. Todos ellos eran veteranos vencedores de Napoleón en las guerras europeas. Martín de Güemes puso a la provincia en pie de guerra y organizó un verdadero ejército popular con partidas de no más de veinte hombres.

Una vez más, el resultado entre las potencias y el pobre y naciente país periférico parecía cantado. En marzo, el salteño recuperó Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión. Los realistas acamparon cerca, con refuerzos que elevaron sus fuerzas a más 5.400 hombres. Güemes planteó una aparente retirada con tierra arrasada, manteniendo un permanente hostigamiento al enemigo con tácticas guerrilleras. En estas condiciones las fuerzas de La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817.

Los salteños boicotearon en todo lo que pudieron a los españoles, y sus tropas sufrieron permanentes ataques relámpago. Mientras, San Martín triunfaba en Chacabuco. Esta noticia y el mortal hostigamiento comenzaron a desmoralizarse las huestes realistas. Finalmente, De la Serna se retiró. Pese a esta exitosa táctica, San Martín se demorará en Chile por falta de recursos hasta agosto de 1820. Belgrano, quién mandaba en el Ejército del Norte en el Tucumán, fue convocado para reprimir a los artiguistas de Santa Fe. Güemes y sus gauchos quedaron otra vez solos frente al ejército español.

Los españoles retomaron la carga en marzo de 1819 y Güemes se preparó para resistir. No contaba con el apoyo porteño, pues su viejo rival Rondeau era el nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas. Y la prioridad de Rondeau no era la guerra por la independencia sino terminar con el modelo artiguista en la Banda Oriental, que proponía federalismo y reparto de tierras entre los gauchos pobres. Rondeau llegó incluso a ordenarle a San Martín que abandonara su campaña libertadora para que regresara a Buenos Aires para reprimir a los federales. Y en esas decisiones cruciales que toman las grandes personalidades y marcan el destino de los pueblos, San Martín desobedeció y aclaró que nunca desenvainaría su espada para reprimir a sus compatriotas.

Lo cierto es que el panorama de Güemes y la provincia de Salta eran desoladores. Guerra permanente, campos arrasados, comercio y rutas interrumpidas. Los auxilios del gobierno central nunca llegaron y las clases altas salteñas ya dudaban de seguir apoyando a un caudillo que les quitaba peones y los convertía en guerrilleros armados. Además, en cuanto gobernador, Güemes les aplicaba empréstitos forzosos sobre sus fortunas y haciendas. En 1820, la lucha entre las fuerzas directoriales y los caudillos del Litoral llegó a su punto culminante con la victoria de los federales en Cepeda. El Directorio, que era la autoridad nacional, caía bajo el poder el interior, y comenzaba una prolongada guerra civil. En ese contexto político frágil y violento, los españoles invadieron nuevamente el norte. Ocuparon Jujuy y, a fines de mayo, tomaron Salta capital. San Martín, desde Chile, pidió a Güemes que resistiera y lo nombró Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú.

Este apoyo del libertador elevó la moral del salteño. Los españoles, como años anteriores, terminaron abandonando el norte argentino, desgastados. En 1821 todo se le complicó al salteño: en el Norte, los realistas; en el Sur, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, aliado a los terratenientes salteños, le hostigaba y operaba en su contra. El cabildo de su ciudad aprovechó la ocasión para deponerlo de su cargo de gobernador. Güemes irrumpió con sus gauchos y recuperó el poder. Todos temieron ser colgados, pero las represalias del caudillo se redujeron a aumentar los empréstitos forzosos a sus adversarios. Sin embargo, estas divisiones internas debilitaron su poder y facilitaron la penetración española en territorio norteño.

Los sectores poderosos de Salta colaboraron con el enemigo para eliminar al caudillo que parecía volar solo. Un coronel salteño a las órdenes del ejército español, José María Valdés, alias "Barbarucho", conocedor del terreno, ocupó Salta el 7 de junio de 1821, contando con el apoyo de los terratenientes locales a los que les garantizó el respeto a sus propiedades. Güemes se refugió entonces en la casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, conocida como "Macacha". Le prepararon una emboscada. Escuchó algunos disparos y logró tomar su caballo para escapar. Entonces un tiro le dio en la espalda…y gravemente herido alcanzó su campamento de Chamical donde reunió a sus oficiales y les transfirió el mando.

Murió el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta. El tiro de la espalda era la llamarada final de los poderosos aferrados al pasado. El pueblo salteño, que había dudado, finalmente optó por el futuro. Concurrió en masa a su entierro y luego, liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, derrotaron a "Barbarucho" Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta.

(Material desarrollado en el programa radial EL ALFA Y LA OMEGA, emisión número 445 del 15.06.2010)

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